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“LA FAMILIA” DESDE UNA PERSPECTIVA DE GÉNERO, por Valeria Franco

Valeria Franco, una joven que se abre al mundo.

Valeria Franco, es una joven estudiante de Colombia, en concreto de Medellín, que estudia además clarinete y respira teatro por todos los poros de su piel, además todo esto acompañado de un arraigado activismo para alcanzar la igualdad de género, y para ello se vale de su fuerza para la interpretación, y utiliza el arte y su voz para llegar a un número mayor de personas, sin duda, una chica que se abre al mundo con convencimiento y fuerza con valores que aportan valor a la sociedad, especialmente a las chicas y chicos de su edad.

Valeria Franco, sujeta una flor amarilla en el campo.

Su expresión, su voz, su libertad.

Ella es una joven que se expresa en libertad, que quiere compartir sus creencias con el mundo para ello expresa su percepción sobre la familia desde un enfoque de género:

“La familia se puede pensar desde muchos ámbitos y puede significar múltiples cosas desde una construcción social, pues los humanos todo el tiempo creamos pequeñas familias, las cuales pueden ser nuestros compañeros y compañeras de trabajo, estudio, o nuestros amigos y amigas de la infancia; al fin y al cabo, creamos grupos de personas con las que nos sentimos como “en el hogar”. Sin embargo, yendo por el sentido más común de la palabra “familia” se me vienen a la cabeza muchos tipos de esta (a parte de los mencionados anteriormente). No solo pienso en las diversas personas que pueden conformar una familia, sino también en la forma en la que nos han enseñado que está constituida. Pues, desde valores religiosos, nos han hecho ver que hay unas únicas formas de familia: una heterosexual, en donde se enseñan los “valores” de esta; visto desde un punto crítico, pienso que la familia puede convertirse en un asunto de poder y control social cuando pensamos en una única forma de constituirla: una heteropatriarcal y creada para complacer los placeres masculinos. Sin embargo, la familia puede ser construida de varias maneras, nos han enseñado que todo tiene que ser de una sola forma, siguiendo normas capacitistas y estereotipos de género, nos han enseñado, por ejemplo, que la familia debe ser constituida únicamente por padre-madre- hijos/hijas, y que dentro de esta, cada uno debe ser y comportarse a la imagen de valores heteronormativos: la mamá debe estar solamente para la maternidad, para las labores del hogar, y a parte de todo esto, para servir al hombre; y el padre es el que trabaja y produce para llevar el sustento al hogar”.

Valeria Franco, toma el te y sonríe en la terraza.

Familia viene del latín “Famulus”, que significa sirviente o esclavo, esto me remite al asunto de propiedad y una constitución de familia patriarcal, donde el hombre es el “propietario” de la mujer. En términos marxistas: el propietario de unos esclavos que dan su fuerza de trabajo y su mano de obra, en este caso su esposa y sus hijos. Por estas mismas lógicas, el hombre cree tener dominio y potestad sobre el cuerpo de su pareja y sus hijos, justificando así, la agresión física y psicológica, la violación, la infidelidad del hombre, el maltrato intrafamiliar, entre otras cosas. La familia es entonces una herramienta del ejercicio del poder, y se convierte para la construcción de fieles de ese sistema, de fieles de los valores de una iglesia, fieles obreros y esclavos. Las mujeres han parido hijos para un sistema, sus hijos e hijas ni siquiera les pertenecen, incluso desde la decisión de tenerlos, no siempre ha sido de ellas, muchas veces ha sido decisión de su marido, de su familia o de la familia de su marido, siguiendo los mismos “valores” de esta.

Valeria Franco, caracterizada para un personaje de teatro.

Pero hay diversas formas de ser una familia, una en donde se respete las disidencias sexuales y de género, una donde haya dos papás o dos mamás, o quizá una donde solo esté la madre o solo esté el padre. Pero no me quedaré en mencionar ejemplos, porque no terminaría nunca. Quiero llegar con esto a que en estas familias también existen los valores, pero van más allá de un asunto sistemático y religioso, van desde lo humano. Comprenden la diversidad, la abrazan, la acogen y hacen de ella el hogar seguro y digno para habitar, para ser con libertad y tranquilidad. No hay familias tradicionales, todas son diferentes y no rompen con los valores éticos y morales. Familia debe ser el espacio donde todo humano pueda construirse y transformarse, no el lugar donde se genere y normalice la violencia, la agresión y la propiedad sobre los cuerpos ajenos”.

En este tiempo de pandemia, el mundo se transforma por momentos, en una constante disrupción, que afecta a todos los ámbitos sociales, desde la economía, a la cultura, a la forma de comunicarnos, desde luego la juventud de todos los países del mundo están llamados a hacer fuerza tractora de cambio social, liderando la palabra, para ser vehículo de cambio, por ello es necesario ponerles foco y altavoz, para que ellos sean parte actora de sus propios desafíos vitales. 

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